Cigüeñuelas de alas negras, Francia
Entre lagunas africanas, deltas asiáticos y marismas saladas del sur de Europa aparece una silueta elegante, suspendida entre el agua y el cielo: la cigüeñuela de alas negras. Con sus patas rojas, largas y finas, avanza con calma por aguas poco profundas, a veces en pareja, dibujando movimientos que parecen una coreografía secreta propia de los humedales.
Se alimenta con precisión, capturando insectos, larvas y pequeños crustáceos en la superficie. Cada paso refleja su dominio del entorno, fruto de paciencia y agudo instinto. No obstante, su vida no está exenta de riesgos: anida en suelo desnudo, lo que la hace vulnerable a la subida de las aguas y a la actividad humana. Por ello, es considerada un indicador natural de la salud de los humedales; su presencia señala equilibrio, su ausencia, alerta.
En España, la cigüeñuela se puede observar en espacios como Doñana o las Tablas de Daimiel, auténticos santuarios para las aves acuáticas. Visitar estos lugares es adentrarse en un mundo de agua y luz, donde cada reflejo nos recuerda la belleza y la necesidad de proteger la delicada armonía de nuestros humedales.