Reno durante la nevada invernal, Laponia, Finlandia (© Roberto Moiola/Getty Images)
Pocas criaturas evocan tanta magia invernal como los renos, también llamados caribúes. En Laponia, donde su número supera al de las personas, estos animales recorren libremente bosques y tundras que parecen sacados de un cuento. Y hablando de cuentos, en España muchos recordamos a Rodolfo, el reno de la nariz roja, creado por Robert L. May, cuya historia ha acompañado a generaciones y sigue despertando sonrisas cada diciembre.
Los renos están perfectamente preparados para el frío extremo. Sus cascos se estrechan en invierno para ofrecer un mejor agarre sobre la nieve y el hielo, y se ensanchan en verano para facilitar el avance sobre el terreno blando. Otro dato sorprendente: no siguen un “reloj interno” como nosotros. Ajustan sus ritmos a la luz y la oscuridad, algo esencial en una región donde en diciembre la noche parece no terminar.
Los machos pueden pesar hasta 250 kg, y sus imponentes cuernos alcanzar 140 cm, con hasta 44 puntas. Si buscas un destino especial en estas fechas, Laponia es una opción inolvidable: un lugar donde la naturaleza, el silencio y los renos crean una experiencia que cualquier viajero debería vivir al menos una vez.