Flor de pascua manchada (© DigiPub/Getty Images)
Brillante, audaz y tan roja como la nariz de Rudolph, la flor de pascua reclama ser el centro de atención cada diciembre. Antes de convertirse en un adorno imprescindible, este arbusto recorrió un largo camino. Mucho antes de aparecer en nuestros salones, crecía de forma silvestre en México, donde los aztecas la empleaban para tintes y medicinas. En la década de 1820, el diplomático estadounidense Joel Roberts Poinsett quedó fascinado por su belleza y la envió a su país, iniciando su fama mundial.
A pesar de su éxito navideño, aún arrastra mitos. El más común afirma que es venenosa. No es buena idea comerla (ni tú ni tu gato lo agradeceríais), pero está lejos de ser mortal. Y un detalle sorprendente: las partes rojas no son flores, sino brácteas; las flores reales son esos pequeños capullos amarillos del centro.
Hoy existen más de cien variedades, desde el rosa hasta el blanco o el jaspeado. En España se regalan cada año millones de ejemplares, sobre todo en diciembre. Si viajas a México, podrás conocer su origen natural y descubrir por qué esta planta se ha convertido en un verdadero icono festivo.