Zorro ártico durmiendo
Comenzar el año en blanco no solo es una metáfora, también es una realidad para el zorro ártico. Mientras muchos aún duermen tras la larga noche de celebración, este pequeño habitante del Ártico enfrenta temperaturas que pueden descender hasta los -50 °C. Su pelaje, uno de los más densos del reino animal, se vuelve completamente blanco en invierno, un camuflaje perfecto para sobrevivir en la inmensidad helada. Esta adaptación no solo lo protege del frío, sino que lo convierte en un símbolo de resiliencia y renovación, muy acorde con el espíritu del Año Nuevo.
En la imagen de hoy se observa un zorro ártico durmiendo. Esta especie puede recorrer enormes distancias siguiendo el ritmo cambiante del hielo, un viaje que marca cada etapa de su año. Su descanso en medio del paisaje helado nos recuerda que, igual que al comenzar un nuevo ciclo, incluso los momentos más tranquilos pueden señalar el inicio de un camino renovado.
Y aunque el zorro ártico viva muy lejos, en los bosques españoles habita un pariente cercano: el zorro rojo, común en la Península. Su presencia nos conecta, desde casa, con la sorprendente familia a la que pertenece este resistente viajero del norte.