Lince euroasiático, Siberia
Piense en un gato que puede desaparecer en el bosque sin hacer ruido: ese es el lince euroasiático. Con sus orejas copetudas y mirada penetrante, es el más grande de las cuatro especies de lince. Sus patas acolchadas no solo le permiten escabullirse; actúan como raquetas de nieve, distribuyendo su peso para perseguir presas en profundas derivas invernales. Principalmente nocturno, pasa el día escondido en matorrales o guaridas rocosas, saliendo de noche a acechar ciervos, liebres o ardillas.
Los linces llevan una vida solitaria. Machos y hembras marcan sus territorios con rasguños y olores, como notas secretas en el bosque. Sin embargo, la caza humana les afectó gravemente: entre los años 1970 y 1980 se exportaron miles de pieles desde Rusia y China, reduciendo sus poblaciones. Aunque las restricciones al comercio de pieles han ayudado, la caza furtiva y la pérdida de hábitat siguen siendo amenazas.
En España, el lince ibérico, primo cercano del euroasiático, es uno de los felinos más emblemáticos y amenazados de Europa, y puede encontrarse en parques naturales de Andalucía y Castilla-La Mancha. Observarlo es una experiencia única que conecta con la riqueza natural del país.