Caballos de Przewalski (© Nemyrivskyi Viacheslav/Getty Images)
El caballo de Przewalski es el último caballo verdaderamente salvaje que se conoce. Originario de las estepas de Mongolia, conserva rasgos primitivos como la crin erizada y la capa parda con franja dorsal marcada. Su historia es un símbolo de resiliencia porque estuvo extinto en la naturaleza durante décadas y logró regresar gracias a programas de cría y reintroducción. La especie muestra gran rusticidad, resiste inviernos rigurosos y conserva una genética diferenciada respecto a las razas domésticas, lo que la convierte en un referente de conservación global. Tal y como se observa en la imagen de hoy, su porte compacto y su mirada alerta revelan una especie adaptada a climas extremos y a la vida en manadas donde la cohesión y la vigilancia constante son esenciales.
En España puede compararse en su papel ecológico con el caballo marismeño de Doñana en Andalucía. El marismeño vive en semilibertad y también moldea el paisaje con su pastoreo, aunque desciende de caballos domesticados. El Przewalski, en cambio, nunca fue domesticado y mantiene un comportamiento y una genética más cercanos a los équidos primitivos.