Olivos en la Sierra de Tramontana, Mallorca, Islas Baleares, España (© cinoby/Getty Images)
Los olivos pueden vivir más de mil años. Incluso cuando sus troncos están cicatrizados o ahuecados, siguen produciendo hojas cada temporada, un verdadero testigo de supervivencia frente a la sequía, el viento y el fuego. En 2019, la UNESCO declaró el 26 de noviembre como Día Mundial del Olivo, reconociendo árboles cultivados por humanos desde aproximadamente el año 6.000 a. C. Sus frutos y su aceite han sido muy valiosos: se usaban para ungir, para medicina y para la cocina; las hojas coronaban a los vencedores olímpicos; y sus ramas simbolizan la paz.
España es el mayor productor mundial de aceite de oliva, con más de 1,4 millones de toneladas en la campaña 2024/25, y exportó en 2024 más de 778 mil toneladas, consolidándose como líder global.
En Mallorca, la historia de los olivos sigue viva. Sus árboles, como los de la Sierra de Tramontana, son más antiguos que muchas catedrales medievales. Las aceitunas se recolectan con cuidado y se prensan en pocas horas, dando un aceite apreciado por su sabor afrutado, almendrado y herbal. Cada cosecha mantiene un legado: la fruta alimenta, la madera calienta y las raíces protegen los suelos.